En la España actual, ha empezado una segunda etapa migratoria, caracterizada por la ralentización de la inmigración, y el aumento de la emigración. Esta última aún no es muy elevada, pero es significativo su auge, así como la expectativa que ha surgido en torno a la nueva “tierra de promisión”, que, una vez más, es Alemania.
La profunda crisis económica en España y la incidencia tan elevada del paro, sobre todo del paro juvenil, en gran medida, explican esta reedición de una vieja tendencia, que se creía superada. Los españoles que salen del país no encuentran, en la España actual, un espacio digno para la promoción personal.
En los años sesenta, los emigrantes españoles no estaban preparados para integrarse en otra sociedad, aunque estuviera sólo a cientos de kilómetros, en la misma Europa. Se colocaban en trabajos escasamente cualificados, con la finalidad de acumular capital y la idea de retornar al país de origen. Era una mayoría de hombres solteros, que no tenían la intención de asimilar los modos (idioma, hábitos y costumbres) del lugar de destino, pero aprendieron mucho, volvieron y ayudaron muchísimo a fraguar el “milagro español” de las postrimerías del franquismo. Les debemos mucho.
El emigrante español de hoy, en cambio, es una persona de ambos sexos con un alto nivel de preparación, que busca oportunidades que no halla en España. Su emigración viene facilitada por las comunicaciones y los transportes, y el conocimiento de idiomas.
Esto fomenta la integración y acentúa la posibilidad de quedarse en el país de destino, sin retornar al país de salida. Perder a un contingente de gente joven y cualificada es un indicador indiscutible del fracaso de la política económica y social en España, que no ha podido instrumentalizar mecanismos adecuados, y un clima favorable, para retener a este contingente de jóvenes preparados.
No sabemos los derroteros o los resultados que va a originar esta nueva emigración a corto y medio plazo, ya que las tendencias pueden cambiar en cualquier momento, conforme van cambiando las coyunturas económicas y sociales. Pero la emigración es siempre una clara señal de una deficiente situación, sobre todo económico, imperante en el lugar de origen, y el éxodo de jóvenes cualificados, además, viene a empeorar esa situación de carencia.